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Dr. Rogelio D´Ovidio | Siete Cuerpos
Cuerpo Físico-Etérico
Cuerpo Emocional
Cuerpo Mental
Cuerpo Intuicional
Cuerpo Espiritual
Cuerpo Monádico
Cuerpo Divino
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De acuerdo al enfoque holístico, el ser humano está compuesto por  "Siete Cuerpos":

  • El Cuerpo Físico
  • El Cuerpo Emocional
  • El Cuerpo Mental
  • El Cuerpo Intuicional o Buddhico
  • El Cuerpo Espiritual o Atmico
  • El Cuerpo Monádico
  • El Cuerpo Divino o Adico

 



 

El CUERPO FÍSICO es el más denso de todos y es el que nosotros los humanos (gracias a la ciencia occidental) conocemos tan bien. 

 

Dentro del mismo plano físico encontramos lo que se denomina el CUERPO ETÉRICO. Por definición científica, el éter es considerado como un estado intermedio entre la materia y la energía pura. Algo de eso encontramos en el cuerpo etérico de todos los seres planetarios.

 

El etérico es un cuerpo de energía formado por finísimos hilos de luz, que se entrelazan formando algo así como una red intrincada. 

El cuerpo etérico funciona como el intermediario entre el físico y los demás cuerpos que integran al ser humano.

 

Toda la información que viene del cuerpo físico y deba alcanzar a los cuerpos (o planos) más elevados, pasa necesariamente a través del etérico. De manera inversa, todo aquello que desde los cuerpos más sutiles deba llegar a manifestarse a través del cuerpo físico, pasa necesariamente a través del cuerpo etérico.


Una función sumamente importante del cuerpo etérico es la de conferir vida al cuerpo físico. Es por esta razón que en otras disciplinas similares, al cuerpo etérico se lo denomina “cuerpo vital”.   


 

El siguiente plano que encontramos por encima del físico-etérico se denomina CUERPO EMOCIONAL.

 

Como su mismo nombre lo dice, es en este plano donde residen todas nuestras reacciones emocionales frente a lo que nos impresiona del “afuera”, es decir todo aquello que percibimos.

 

El tipo de respuesta emocional puede ser sólo de dos tipos: la indiferencia (la no-respuesta emocional) y la reacción (la respuesta emocional), que a su vez puede ser de atracción (en aquellas cosas que nos provocan placer) o de repulsión o rechazo (en aquellas cosas que nos generan displacer). 


 

Le sigue el CUERPO MENTAL.

 

En este cuerpo residen nuestros pensamientos. Es importante saber (como lo explico detalladamente en mi primer libro “DEL CUERPO AL ESPÍRITU, un camino de sanación”, de editorial Deva´s) que nuestros pensamientos no se originan en el cerebro, sino que surgen en este plano, que no tiene nada que ver con el cerebro físico.

 

El cerebro manifiesta físicamente aquello que fue pensado en el plano (cuerpo) mental, que como podemos ver se encuentra en un nivel mucho más sutil que el nivel físico.

 

Este plano se divide a su vez en dos subplanos: el cuerpo mental inferior y el cuerpo mental superior. El inferior es lo que nosotros denominamos  el intelecto. Es aquel plano que utilizamos para razonar, deducir, analizar, etc.

 

Como oposición al mental inferior, el cuerpo mental superior es aquél donde residen los pensamientos abstractos. Cualquier pensamiento abstracto proviene del cuerpo mental superior. Cuando alguien piensa “la rosa” como algo abstracto, o cuando alguien estudia “el estómago” en anatomía, estamos hablando de conceptos abstractos. Pues bien, todo lo que sea abstracto proviene del cuerpo (plano) mental superior.

 

Al hablar del plano mental superior ya estamos literalmente ubicándonos en planos de índole espiritual. La cualidad espiritual que se alcanza cuando accedemos en plenitud a este plano es lo que se denomina CHIT en el idioma sánscrito, que es la cualidad de la mente espiritual. 

 


A continuación del plano mental, alcanzamos el CUERPO INTUICIONAL O BUDDHICO.

 

Como su nombre mismo lo indica, es en este plano donde encontramos el origen de la intuición. La intuición es una forma de conocimiento directo y total. No hace falta ningún análisis ni síntesis, ningún razonamiento, ninguna conclusión.

 

El conocimiento intuitivo es por definición completo y certero. Cuando alguien alcanza el conocimiento intuitivo, tiene la certeza de que ese conocimiento es así. Muchas personas se pasan días o semanas tratando de resolver algún problema hasta que, de repente y sin que medie razonamiento alguno….¡llega la respuesta de manera completa, iluminadora!

 

En Oriente se dice que cuando la luz de Buddhi alcanza la percepción, tenemos la comprensión. Como podemos ver, para comprender algo debemos iluminarlo con el componente de la intuición.

 

Si conseguimos acceder y permanecer plenamente en el plano Buddhico durante la meditación, alcanzamos lo que se denomina ANANDA en sánscrito, que traducido al español sería algo así como la bienaventuranza, o el estado de amor crístico, incondicional, cósmico.  

También es en este cuerpo donde se alcanza el estado de VIVEKA, cuya traducción al español sería discernimiento, que textualmente significa tener clara la distinción entre lo real y lo no real (espiritualmente hablando).


 

El siguiente cuerpo es el CUERPO ESPITITUAL O ATMICO.

 

En este plano encontramos lo más elevado de la espiritualidad accesible desde nuestro nivel humano. El cuerpo atmico es aquel donde encontraremos la Voluntad Espiritual. En sánscrito existe el vocablo SAT significa lo que es

 

Los tres conceptos SAT-ANANDA-CHIT conforman una trilogía analogable al concepto tríptico de PADRE-HIJO-MADRE de las distintas disciplinas espirituales del mundo. 


 

El sexto plano o cuerpo que componen la estructura del ser humano es el CUERPO MONÁDICO.

 

La mónada podría ser definida como el espíritu para los occidentales. Espírtu y alma no son sinónimos, sino algo diferente uno de otro. El espíritu es la chispa, esa partícula divina que cada ser lleva internamente y que nos hace parte de un todo integrado universal.

 

El alma es un reflejo en miniatura de la mónada. Es por esto que el camino de elevación espiritual implica diversas etapas. La primera es la integración de la personalidad como un todo; cuerpo físico, cuerpo emocional y cuerpo mental deberían integrarse de tal manera de conformar un sistema coherente y armónico que pueda servir para la expresión plena del alma en el plano de la vida encarnada.

 

Una vez integrada totalmente la personalidad, sigue la etapa de la integración con el alma. Cuando existe una integración personalidad-alma, es entonces que sigue la siguiente etapa de integración entre personalidad-alma y espíritu (o mónada). Dicho de esta manera parece sencillo, pero este proceso de integraciones sucesivas puede significar siglos de trabajo incesante hasta llegar a la meta.


 

El séptimo plano o cuerpo constitutivo del ser humano es el CUERPO DIVINO O ADICO.

 

Resulta prácticamente imposible describir o definir desde el plano encarnado lo que significa el último cuerpo del ser humano, porque éste es totalmente sutil, y constituye la etapa final de integración, en la que no necesitaríamos encarnar más, ya que habríamos alcanzado la re-unión con el Padre. Este paso final es lo que en otras disciplinas se conoce como el retorno a la Fuente